LA ENVIDIA es un ácido, corroe. Igual que el odio.
La envidia es como escupir. El que escupe es el que más se ensucia, el que pierde la razón.
La vida no es una carrera. No hay una meta, hay millones de pequeñas metas que, sobre todo, aprecian los que han visto de cerca la amenaza de la muerte, los que, por ejemplo, saben que cáncer no solo es un signo del zodíaco.
El hombre envidia lo que hacen los demás en vez de preocuparse por lo que hace él. Es más fácil destruir al que está enfrente que construir. Para eso hay que sudar.
Nos pasamos el día afilando la lengua. Lo que es importante de verdad son las cosas que no se dicen, son las cosas que se sienten: el melindre de un mimo, una caricia, el fuego lento de la ternura.
Hay demasiada gente que se cree grande solo por proyectar una gran sombra de arrogancia. Esa sombra no abriga.
Hay que recelar de los aplausos.
Muchas veces, el que te da palmadas en la espalda lo hace porque aún no puede darte puñaladas. Si hiciesen controles de envidia como los que hay de alcohol, reventaban los envidiómetros.
Por algo se dice que la envidia come, voraz. No hay envidia sana. Como no existe el rojo de color blanco.
Pensé que seria bueno recordar estos pensamientos ahora, a principio de año... por si nos hacen falta.













06.01.07 @ 22:22