A mí la Navidad cada vez se me hace más extraña. Desde hace algunos años acabo desembocando en ella por pura inercia, inevitablemente, pero nunca me siento como en casa. Es decir, que siempre tengo la sensación de que la Navidad es de los demás. Me quedo a las puertas y no soy capaz de entrar.
De modo que vivo estas fiestas como de prestado, casi como un extraño que mira, perplejo, a través de la ventana el mundo ajeno. Eso me pasa con algunas otras cosas. Hay cosas que no son para mí. Y no sé si es que el mundo me las niega o es que soy yo quien las rechazo sin darme cuenta. Aunque con la Navidad es más difícil permanecer al margen, porque todo en la ciudad te recuerda en qué fechas te encuentras. Las tiendas vestidas de dorados, las calles mas iluminadas, la gente trasladando paquetes, el décimo de lotería con un belén estampado encima del número mágico.
Si en realidad no es para quejarse. Y lo que más me gusta es esa nieve artificial que cubre los cristales de las casas. Porque la nieve de verdad aquí no llega.
Pero, a pesar de todos los pesares, reconozco que es ciertamente mágico ver esas caras que te acompañan en la aventura navideña, con un poco más de arrugas cada año, esos rostros de la gente querida, más allá de rencillas o malos entendidos familiares. Esos que son tu paisaje y tu norte, y en parte tu sentido de la vida. Esos rostros que como el tuyo, ensayan una sonrisa y hacen de tripas corazón, que intentan aparcar el sufrimiento cotidiano, para vivir este espejismo tal vez necesario que hemos inventado los seres humanos para despedir con honores cada año que acaba.
Y para quienes no están ya con nosotros, un saludo al más allá, vayan haciéndonos un lugarcito... que si esto sigue así, no tardamos nada en juntarnos todos de nuevo...
Así pues, felices Navidades y prospero año nuevo, amigos. De todo corazón.
cielorojo


Te deseo que tengas mucha felicidad, Carlos. De corazón.
Tengamos paciencia, ya pasarán (las fiestas).
Besos mil.
Bad